Inaugurada hace 114 años por el Emperador Don Pedro II, el Tren de Corcovado llevó a Papas, Reyes, Príncipes, Presidentes de la República, artistas y científicos.
Es también un paseo ecológico. El tren cruza la floresta urbana más grande del mundo: el Parque Nacional da Tijuca, ubicado en la Mata Atlántica. El parque es considerado un ejemplo de preservación de la naturaleza.
Los que viajan en el Ferrocarril del Corcovado ayudan a preservar la floresta: el tren es eléctrico y, por eso, evita la polución del aire; además, parte del dinero recaudado es destinado al IBAMA - Instituto Brasileiro de Meio Ambiente (Instituto Brasileño del Medio Ambiente) para la preservación de la floresta.
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