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Para llegar a el alto del Corcovado el tren atraviesa la mas grande floresta urbana del planeta, que fue también la primera de la historia a ser reforestada.
Localizada en el corazón de Río de Janeiro, la Floresta de Tijuca divide la zona norte y sur de la ciudad. Es uno de los paseos preferidos por los cariocas, que hacen paseos ciclísticos y caminadas, principalmente en los fines de semana.
Sin embargo la floresta no fue siempre así. En el siglo XVIII ella fue devastada para dar lugar a las plantaciones de café.
El desmonte comprometió al abastecimiento de agua de la ciudad y, en 1881, el emperador Don Pedro II se vio forzado a tomar una decisión revolucionaria en su momento: ordenó la reforestación en la región.
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El encargado de esta misión fue el Mayor Manoel Gomes Archer que, con seis esclavos, plantó 60 mil arboles durante 13 años. La reforestación fue un éxito, tanto que animales como monos, perezosos, lagartos, serpientes, pájaros y mariposas volvieron a la floresta y, con frecuencia, pueden ser vistos por quienes viajan en el Tren del Corcovado. En consecuencia del éxito de la reforestación, el Parque Nacional de Tijuca fue escogido como símbolo de Río-92, la Conferencia Mundial de Medio Ambiente.
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